Polibio y Tito Livio convirtieron la clemencia de Escipión en el eje central de un detallado relato sobre la conquista de Cartagena. Ambos historiadores cuentan que unos soldados romanos, tras la toma de la ciudad, acudieron a la tienda de Escipión con una princesa ibera de excepcional belleza como botín de guerra. Era un tributo al general que les había conducido a la victoria, convencidos del interés de su jefe por las mujeres hermosas. Ella comentó que estaba prometida a Lucio, un jefe ibero de la región. No dijo más. su destino estaba en manos del altivo patricio romano. Llegó al campamento el padre de la muchacha con una importante suma para su rescate. La narración alcanza aquí el valor dramático que ofrecerán más tarde la pintura y la ópera moderna. Cuando acabaron las palabras, emergió el gesto de Escipión que, con el paso del tiempo, se transformó en una leyenda. entregó a la joven a su padre y convirtió el dinero del rescate en la dote de la novia. ¿Una historia rosa? En modo alguno, solo política.
jueves, 8 de octubre de 2009
España, una nueva historia. (9)
Polibio y Tito Livio convirtieron la clemencia de Escipión en el eje central de un detallado relato sobre la conquista de Cartagena. Ambos historiadores cuentan que unos soldados romanos, tras la toma de la ciudad, acudieron a la tienda de Escipión con una princesa ibera de excepcional belleza como botín de guerra. Era un tributo al general que les había conducido a la victoria, convencidos del interés de su jefe por las mujeres hermosas. Ella comentó que estaba prometida a Lucio, un jefe ibero de la región. No dijo más. su destino estaba en manos del altivo patricio romano. Llegó al campamento el padre de la muchacha con una importante suma para su rescate. La narración alcanza aquí el valor dramático que ofrecerán más tarde la pintura y la ópera moderna. Cuando acabaron las palabras, emergió el gesto de Escipión que, con el paso del tiempo, se transformó en una leyenda. entregó a la joven a su padre y convirtió el dinero del rescate en la dote de la novia. ¿Una historia rosa? En modo alguno, solo política.
España, una nueva historia. (8)

Ese es el telón de fondo elegido por Flaubert para Salambó. En respuesta a la rebelión de los mercenarios, Amílcar Barca, el miembro más rico e influyente de la dinastía, decidió convertir la península Ibérica en una colonia cartaginense. Los sacerdotes apoyaron su decisión y la transformaron en un gesto sagrado. Hicieron venir al mayor de sus tres hijos varones, un niño de nueve años llamado Aníbal: fue en ese momento cuando el padre le hizo jurar odio eterno a los romanos. Nunca rompió ese juramento, pese a que llegó a tener mil motivos para hacerlo. Pero el pueblo congregado en la plaza no acertó a ver que el gesto de ese niño sería el principal motivo del fin de Cartago. Como en otros muchos casos, el odio es la ruina de la civilización.
España, una nueva historia. (7)
Comprendió entonces que la distribución de vino, aceite y sal entre la gente, lo que se llamaba entonces congiarios, no era suficiente y que debía dar un paso más hacia esa conducta del regalo que Paul Veyne calificó acertadamente de evergetismo: convertir la generosidad en popularidad, es decir, en el impulso para una carrera política. El pan y el circo existieron porque en Roma los cargos eran electivos, y se necesitaba recompensar a los votantes con sustanciales prebendas, algo así como en vísperas de una cita electoral la promesa de rebajar impuestos.
España, una nueva historia. (6)
Imaginemos la sensación de poder, teñida de erotismo, que debió tener Publio Cornelio Escipión cuando desembarcó cerca de la actual Tarragona, se supone, no lejos del actual paraje conocido como la "Torre de los Escipiones"; una sensación que sin duda debió reconfortar el ego de este hombre dañado por las desgracias que los cartagineses habían provocado primero en su familia, luego en su patria, Roma, a la que quería por encima de cualquier otra cosa; una virtud característica de los romanos de la clase senatorial. Además, cuando un gesto se convierte en el punto de partida de una acción política se habla de él, y lo que se dice, sobre todo en los libros de historia, se va transformando poco a poco por el complejo juego de la memoria y el olvido. Así, los fragmentos de lo que en un tiempo fue una simple vivencia se convierten en el único tejido para comprender que en este momento concreto comienza una nueva época.
Detengámonos en ese momento, observando de cerca al protagonista primcipal. Un general romano ante el mayor desafió de su vida. Me inclino a creer que Escipión percibió la península Ibérica como un país, al que no le costó llamar Hsipania, es decir, en traducción actual, España.
España, una nueva historia. (5)
Como todo relato histórico, también éste podría definirse por una imagen poderosa. El lector se hará la suya, sin duda. Mi imagen es la siguiente. Veo al principio a un hombre, Publio Cornelio Escipión, que llega a la península Ibérica, la observa con detención, y piensa en ella como un país digno de formar parte de la civilización romana; al final en 1939, veo a un hombre, Pablo Ruiz Picasso, que se va del país al que Escipión había llegado veintidós siglos atrás para no volver nunca, destrozado, un sentimiento que el propio pintor plasmó en el rostro de "la mujer con sombrero", una pintura de 1962 cargada de significación sobre el futuro de España. Cuando las elites en el exilio, decepcionadas por la actitud de las democracias europeas, proponían a Picasso com ole icono de la resistencia, lo hacían por una causa justa: la libertad. El tiempo, como ocurre bastante a menudo, terminó por darles la razón.
España, una nueva historia. (4)
La riqueza americana no impidió que en las aldeas y en las pequeñas ciudades la gente se muriera prácticamente de hambre. Esa paradoja forma parte de la memoria social española. Basta con visitar cualquier rincón de España para comprobar el poco imapcto en su paisaje de la grandeza del imperio universal; apenas unas mansiones señoriales de los aristócratas del lugar y de los altos funcionarios de la corte, unos monasterios y por supuesto la maciza iglesia en medio del pueblo. Pocas casas de gente trabajadora, el verdadero armazón de un país, al contrario de lo que ocurre con las granjas en Francia, Alemania o Inglaterra. He aquí un rasgo difícil de entender. España no supo administrar los inmensos recursos de su imeprio colonial en aras del bien social, sino más bien en representar aquello que más era. Dilapidó sin sentido, provocando las quejas de los arbitristas más sensatos que no cesaron de hablar de la decadencia de un país que paradójicamente dominaba medio mundo. ¿Por qué la sociedad española fue incapaz de prever los graves problemas del futuro, fue renuente a percibirlos una vez que se habían producido y fue incapaz de resolverlos una vez los hubo percibido? Todavía hoy mostramos cierta incredulidad acerca de que sucediera una cosa así en pleno Siglo de Oro de las letras españolas?
España, una nueva historia. (3)
George Santayana, que fue un "passionate pilgrim", describió la naturaleza española con sentido del humor en "Personas y lugares". "Fragmentos de una autobiografía". Hombre de una honestidad absoluta consigo mismo, nunca hizo concesiones cuando habló de su país natal mientras se adaptaba a la cultura literaria de su país de adopción, los Estados Unidos. En una ocasión por ejemplo, cuando le preguntaron por la guerra civil acuñó una de esas frases que se convierten en sentencias: "Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo". Gracias a esa clarividencia, pudo prescindir de las fantasiosas imágenes de España, escribir sin pausa a favor de su país natal, y tolerar tranquilamente que sus libros se leyeran solo en pequeños círculos de exiliados y que al principio su nombre fuera conocido solo en el mundo académico con escasas excepciones. Santayana demostró que la perplejidad se atenúa, e incluso se esfuma, mediante una educación adecuada y qie no importa vivir con estrecheces a cambio de poder pensar en libertad y audacia.
España, una nueva historia. (2)
Cervantes describió de manera incomparable la manera de ser española. El viaje del ingenioso hidalgo don Quijote de la mancha significa no sólo el triunfo de una persona contra la asfixiante atmósfera política de los tiempos de Felipe II, sino también el conflicto de una idea a la española con la evidencia. Baste pensar en la escena más célebre de tan célebre novela. Se trata del momento en el que la pareja protagonista atisba en el horizonte unos molinos de viento y ante el estupor de don Quijote, que ve en ellos a sus viejos enemigos, Sancho responde: "Mire vuestra merced que aquellos que allí parecen no son gigantes sino molinos de viento, hacen andar la piedra de molino". En efecto, no no es posible encontrar nada más genuinamente español que este diálogo entre dos personas que adoptan posturas tan opuestas a la hora de valorar lo que sus ojos ven. Los campos que luego recorrerán, con las consabidas aventuras, llevados por el deseo de hacer realidad la literatura, son el mejor testimonio de que en ese largo vaije desde el Toboso a Barcelona se encuentra el código para desvelar España. Tanto el quimérico don Quijote como el realista Sancho no solo querían conocer a fondo de su país, sino también buscaban con los sentidos y con el corazón los motivos por los que la única divina se había descompuesto ante ellos en cientos de verdades relativas.
España, una nueva historia.
Con este post inicio una serie dedicada a recoger esbozos de "España, una nueva historia", el libro que acaba de publicar el historiador José Enrique Ruiz-Domènec.

Pero nada nos fue regalado. Hemos tenido que pagar por ello un alto precio. En silencio, hemos visto cómo la historia ha perdido protagonismo a favor de un sucedáneo llamado ciencias sociales. Todos nosotros somos testigos cada año del fracaso escolar de centenares de buenos muchachos aturdidos frente a libros de texto que poco tienen que ver con el conocimiento de la historia de España, tal como se ha entendido desde que Alfonso X empezara su crónica.
Pero nada nos fue regalado. Hemos tenido que pagar por ello un alto precio. En silencio, hemos visto cómo la historia ha perdido protagonismo a favor de un sucedáneo llamado ciencias sociales. Todos nosotros somos testigos cada año del fracaso escolar de centenares de buenos muchachos aturdidos frente a libros de texto que poco tienen que ver con el conocimiento de la historia de España, tal como se ha entendido desde que Alfonso X empezara su crónica.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
martes, 22 de septiembre de 2009
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