viernes, 6 de noviembre de 2009

España, una nueva historia. (70)


Que la historia de España se repita es una cuestión fatua, ya que puede suceder que en algún caso adopte el disfraz de una parodia de lo anterior; pero los efectos que tiene la idea de que algo volverá a ocurrir resultan devastadores para la imaginación moral. En el hecho de la repetición subsiste por un lado la capacidad de sentir un acto como ejemplar, como cuando Felipe II se mira en Recadero al formular su programa político; y por otro, el sentido de un destino vinculado a una forma de ser. Nunca nada cambiará en la historia de España: una convicción peligrosa, que induce al desánimo incluso en el campo de batalla.

España, una nueva historia. (69)


España tuvo una gran oportunidad histórica en la segunda mitad del siglo XVI, cuando el manierismo era la corriente artística dominante, una época prometedora en la que se llegó a creer firmemente que la ignorancia y la superstición quedarían atrás gracias al trabajo de los predicadores, dando paso a un gran futuro que, tras la victoria sobre los franceses en San Quintín, ya no era un viejo sueño borgoñón, sino una realidad nacional. Felipe II ordenó construir El Escorial, edificio que evocaba el inicio de una era española en la cultura mundial. En un período de prosperidad, el rey y sus cortesanos imaginaban una sociedad capaz de conciliar el lujo privado con el gasto público. Un indicador de esa confianza fue la implicación en el conflicto que enfrentaba al imperio otomano y a la República de Venecia.

España, una nueva historia. (68)


Las élites que rodearon a Carlos V se rebelaron contra la España profunda, al imaginarla como una nación atrasada, reaccionaria, represiva en su moralidad sexual, de gustos plebeyos, pagada de sí, torpe y vulgar. Los que aspiraban a incorporarse a la corte debían vincularse cuanto antes al dinero, a la moda y la cultura del mercado mundial. No está claro, y se sigue debatiendo, si se consideraban a sí mismo españoles, aunque desde luego utilizaban el castellano en sus escritos pero no en sus conversaciones, que probablemente eran en francés o italiano, las dos lenguas internacionales de aquellos años. El patriotismo de las ciudades medievales no se encontraba entre las virtudes más apreciadas por ellos. El humanismo, por el contrario, les sentaba perfectamente ya que evocaba la agradable imagen de una Europa unida bajo el emperador, sin el peso del inextricable papado ni de los adustos clérigos reformadores, donde se podían saborear indiscriminadamente platos de la renovada cocina veneciana o francesa, madrigales ingleses y poesía italiana o francesa, sin preguntas ni compromisos.

España, una nueva historia. (67)


La conquista de Tenotchtitlán por Cortés se dibuja como un relato paralelo a la historia de España del siglo XVI. Si me vuelvo para abarcarla de una sola mirada, apoyado en los documentados estudios de R.C. Padden, W.H. Prescot y Hugh Thomas, se me antoja extrañamente corta y llena de enigmas. En menos de dos años Cortés y sus hombres llevaron a cabo una brillante conquista militar de un imperio de dos millones de personas, pero también la aniquilación de las poblaciones indígenas, la destrucción de la agricultura local y la exportación, inadvertidamente, de la viruela, el sarampión, la gripe y otras enfermedades. La guerra y las epidemias acabaron con centenares de miles de psersonas en unos cuantos meses.

España, una nueva historia. (66)


Carlos comprobó las resistencias a medida que iba siendo coronado rey, primero en Castilla, luego en Aragón, finalmente en Cataluña. Su discurso en Barcelona (en catalán) le permite entender perfectamente el lugar en el mundo que busca ocupar. Mientras lo pronunciaba, la audiencia de las cortes y los magnates del país, eclesiásticos y civiles, se percataron de que sus palabras, equilibradas, y en ocasiones poéticas, ignoraban por completo la sensibilidad catalana. Anunciaba que el liderazgo iba a pasar a manos de una generación nueva, orientada hacia los asuntos internacionales, y pedía que prestasen atención a los problemas del mundo, abandonando el dorado aislamiento en el que parecían vivir a comienzos del siglo XVI. Presentaba el peligro berberisco y turco desde una perspectiva nada edulcorada, lo definía como un conflicto mediterráneo por la libertad de comercio cuya resolución estaba en manos de los catalanes, que con su propio sacrificio podían influir en el curso de los acontecimientos. La monarquía de Carlos V quería cambiar el rumbo de la historia europea, pero no conseguía crear las complicidades necesarias entre castellanos y catalanes para forjar un país al que llamar España.

España, una nueva historia. (65)


La muerte de Felipe I desencadenó una anarquía que estuvo a punto de convertirse en una nueva guerra civil en Castilla, mientras que Fernando destituía al Gran Capitán, dejando Nápoles en manos e sus hombres de confianza, primero de su hijo natural, el conde de Ribagorza, más adelante en las de Ramón de Cardona-Anglesola, al que los rumores también hacían hijo natural del rey. Catalanes en los puestos claves, mientras que Gonzalo debía contentarse con el cargo de alguacil de Loja, cargo que por cierto le concedió la reina Juana, su máxima valedora en etos años de infortunio. Y sobre Juana se centraba toda la atención. ¿Estaba loca? ¿Qué indujo a Fernando el Católico a recluirla en Tordesillas, casi de por vida? Se trataba de un sacrifcio en bien de la patria, o por mejor decir, del Estado dinástico español que volvía a ser posible.

jueves, 5 de noviembre de 2009

España, una nueva historia. (64)


Felipe de Habsburgo se hizo proclamar rey de Castilla, en razón de que su esposa Juana era la legítima heredera de Isabel la Católica. Momento de suspensión absoluta en esa etapa extrañísima de la historia de España que va de noviembre de 1504 a la primavera de 1507. Mientras el flamante Felipe I hacía realidad uno de sus más profundos deseos, su suegro Fernando el Católico, junto a su nueva esposa, Germana de Foix, reunía una poderosa flota al frente de la cual estaban los principales nobles catalanes del momento: los Cardona-Anglesola y los Requesens. Se trataba de fingir que nada iba a cambiar el Estado dinástico forjado en los años anteriores, aunque los barcos de guerra se dirigieron a Nápoles con el objetivo de eliminar al virrey Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, al cabo, un noble andaluz pese a llevar sangre de los Enríquez, la familia materna del rey.

España, una nueva historia. (63)


La reina Isabel percibió muy pronto que las disputas con los granadinos de religión musulmana no se desarrollarán como antaño en el campo de batalla, donde la realidad es tangible, sino en las calles y plazas de la ciudad. Era el signo del descontento popular, el mismo que encontramos en las páginas de algunos contemporáneos. La toma de la ciudad no era un accidente que dio brillo a un reinado, para ser luego reabsorbido por el islam como había ocurrido en otras ocasiones; al contrario, era la manifestación del nuevo carácter de la historia de España, el mojón fronterizo entre el pasado y el futuro.

España, una nueva historia. (62)


Con la toma de Granada, las reformas políticas emprendidas por los Reyes Católicos parecían estar plenamente legitimadas. Era la prueba una vez más de la importancia de los hechos en la vida de los reyes a finales del siglo XV. Cualquier joven de la pequeña y mediana nobleza podía entender perfectamente a sus reyes, ya que se beneficiaba de su proyecto de que fueran esas clases sociales las que aportaran los efectivos a la administración y al ejército. La posición a comienzos de 1492 era aún inestable y las ramas parecían ser el único elemento seguro para afianzar la reforma. La controversia humanística entre las ramas y las letras, vale decir, entre los partidarios de que la administración estuviera en manos de individuos formados o en manos de grupos de poder tenía una razón de ser una vez conquistado el reino de Granada. La primavera y el verano de 1492 presenciaron un gran cambio en la dirección de los asuntos públicos. Con el estímulo del inquisidor gneral, fray Tomás de Torquemada, se quiso dar una solución final al problema de los judíos en España (y digo esto porque afectó por igual a los territorios de la Corona de Castilla y a los de la Corona de Aragón).

España, una nueva historia. (61)


No hay anécdota más famosa en la vida de Isabel que el gesto de ofrecer sus joyas como garantía para que Colón pudiera realizar el viaje de descubrimiento de América en 1492. Era una nota de color rosa en un año especialmente negro. Por primera vez los hombres y las mujeres de Europa intuyeron que el mundo pudiera ser distinto de lo que los sabios de la Antigüedad habían dicho que era, como insinuaba el enigmático navegante que llevaba años tratando de convencer a la reina de Castilla con sus ideas.

España, una nueva historia. (60)


Basta decir que el emblema y el lema de los Reyes Católicos se vive el valor de un nuevo cambio estructural en la historia, de un nuevo amanecer, como se decía en la deriva poética de los himnos de la Falange Española de la JONS, en la convicción de que el reinado de Isabel y Fernando volvía a recuperarse en todo su espíritu, proyectando un destino manifiesto en lo universal, que entusiásticamente se vinculaba a las enigmáticas "montañas nevadas" de sus cánticos. Expresiones cargadas de realidad política que atendían a la historia de aquel reinado como una referencia doctrinal. Ese mundo en el que las cosas, para ser, deben ser también un reflejo del tiempo áureo de la historia de España que solo la Falange de la JONS, y después su heredero natural, el Movimiento Nacional del general Franco, fueron capaces de interpretar adecuadamente en todas las dimensiones esotéricas de su proceso alquímico. Es el mundo en el que seguimos viviendo, naturalmente, que nos rodea desde hace más de setenta años como una sombra invisible. Todo esto puede verse aún en algunos aspectos de las últimas exposiciones, donde el simbolismo providencialista de la época de los Reyes Católicos resulta tan notorio y se halla tan presente en algunos comentarios sobre la eternidad de la unión de las tierras hispánicas.

España, una nueva historia. (59)


Para Isabel de Castilla y Fernando de Aragón el año 1474 empezó seis años atrás. La guerra civil en Cataluña y Castilla les había hecho comprender dónde se encontraba el verdadero peligro. No debían tener la lucha abierta, si la causa era justa. Tenían sus armas y contaban con el apoyo de la gente de su generación. Pero también sabían que las élites nobiliarias y urbanas solo estaban esperando un error para tener un pretexto para limitar las prerrogativas del trono. La personalidad de los príncipes se hace más valiosa al compararla con otros personajes de la época. La simpatía hacia ellos se debía en parte a la destreza con la que supieron afrontar el conflicto sucesorio, como también al instinto del imperio que les caracterizaba: daban a manos llenas a la gente a cambio de obtener su lealtad. Esta rara superiodidad sobre los otros pretendientes y sus mentores permitió la creación de una morada vital.