miércoles 11 de noviembre de 2009

España, una nueva historia. (98)


El momento mítico de la España contemporánea es el de la respuesta popular que siguió al golpe militar del 18 de julio de 1936. El escenario fue Barcelona, donde el estado de dulzura acabó con el cuchillo del sacrifio. Es el momento en que la clase obrera y la "intelligentsia" catalana tienen ante sí las mas diversas potencialidades y esperanzas; política, moral y poesía marchan sin orden pero al mismo paso. Los muchachos disparan, y no solo son milicianos anarquistas, obreros metalúrgicos, estudiantes o aprendices, sino la ciudad entera. Tras el pronunciamiento militar, los jóvenes se echan a la calle: unos para defender al gobierno de la república, otros para afirmar los valores de la clase obrera y otros para apoyar la rebelión de los militares. Todos se encontraron en el Cinc d´Oros, la confluencia entre la Diagonal y el paseo de Gracia, y allí se vieron las caras. En todas las calles y las plazas de Barcelona se escucha el tiroteo de las dos maneras de entender la nación y, a medida que nos acercamos a sus rostros, nos damos cuenta de que en esta ocasión el golpe militar se estaba convirtiendo en una guerra civil. El entusiasmo de la muchachada poa las calles de Barcelona se convirtió en pocas horas en una ordalía.

España, una nueva historia. (97)


Al repasar su vida desde la Capitanía de Las Palmas, Franco llegó a convencerse de que todo se había conjurado a su favor: los servicios en la bandera de la Legión durante la guerra de África, la simpatía de Alfonso XIII, la boda con Carmen Polo, el trabajo realizado en la academia militar de Zaragoza. Charlaba sobre estos aspectos con amigos y colaboradores, y a veces realizaba un comentario fugaz sobre la necesidad de una suerte de cruzada exaltadora contra los enemigos de España que lograba cautivar a sus interlocutores, al margen de sus intrigas para que los gobiernos de Alemania e Italia secundaran sus pasos. En suma, la errónea política de los últimos meses de la república, en realidad desde la caída de Niceto Alcalá-Zamora y la llegada a la presidencia de Manuel Azaña, había llevado a Franco a ofrecer una imagen taxativa de la historia española, la historia de un país sumido en el caos político y el desorden social debido a la mala gestión de una clase política corrupta.

España, una nueva historia. (96)


Para Franco, el golpe de Estado era el principio de una nueva fusión entre la doctrina del caudillaje providencial y la violencia que debía durar más que los simples días (o semanas) previstos por Mola. Era consciente de que el ejército no estaba unido y que el éxito o el fracaso del pronunciamiento tendría lugar en el campo de batalla, con divisiones en juego. ¿Con cuántas contaban unos y otros? Mientras tanto, una nueva ideología obrera actuaba incesamente, ofreciendo a la sociedad española una explicación coherente (no se puede decir que verdadera) de lo que estaba sucediendo: el fascismo trataba de liquidar a la democracia, el totalitarismo retaba a la libertad. En realidad se trataba de grupos armados, o por armar, que practicaban la violencia, el desprecio a los derechos individuales y la opresión de las minorías, es más, que proclamaba la doctrina de la época: no existen derechos individuales y, por decirlo de algún modo, ni siquiera existe el individuo, sino una masa a la que se le permite todo para que alcance sus fines. Y aunque Largo Caballero y los demás rechazaron estas ideas en público, no perdieron comba para aplicarlas en privado, entre una clase obrera asustada por la posibilidad de que la derecha le arrebatara los logros conseguidos tras años de lucha sindical y en las calles. Entre unos y otros, a comienzos del verano de 1936, los españoles comenzaban a saborear la voluptuosidad de la desctrucción.

España, una nueva historia. (95)


La polémica rodea la vida de Azaña: "No quiero ser presidente de una república de asesinos", dijo en cierta ocasión, según el testimonio de Claudio Sánchez-Albornoz. La violencia, el crimen y el desorden general solían parecer a los periodistas y visitantes extranjeros los rasgos más destacados de la vida española. En este caso, las primeras impresiones no se modificaban cuando el conocimiento era más profundo. Un examen minucioso de los documentos de la época descubre sobre todo síntomas de acoso al orden republicano. Quizás el cuadro esté algo exagerado, pero es lo suficientemente verdadero como para suscitar la ineludible pregunta de si una sociedad democrática podía prosperar o incluso sobrevivir en ausencia de la exigencia interior que sostenía la ética del trabajo. La policía y la Guardia Civil eran insuficientes para controlar un de-sorden que estaba alcanzando proporciones críticas.

España, una nueva historia. (94)


Los años que transcurren desde el preocupante 1923 hasta el desolado 1936 constituyen el momento más decisivo de la historia contemporánea de España. Comienzan con el pronunciamiento militar de Primo de Rivera en Barcelona y acaban con el golpe militar de Francisco Franco en Las Palmas de Gran canaria. En medio, unos años donde la sociedad española se debatió entre la reivindicación, muy viva, de los objetivos de la revolución obrera (y, por lo tanto, una política de corte republicano que los hiciera posibles en un país mayoritariamente conservador en las costumbres y en las creencias religiosas) y la convicción de las clases elevadas (terratenientes andaluces, industriales catalanes, financieros vascos, alta administración) de que era necesario un "cirujano de hierro" para imponer el anhelado regeneracionsimo de Costa.

España, una nueva historia. (93)


Hay algo paradójico en el hecho de que un pueblo pueda presidir su propio nacimiento político. ¿Qué es lo que hace que un grupo de personas se unan a efectos de autogobierno? Una nación nace porque las personas que habían sido gobernadas por una misma autoridad deciden que deben ser orientadas en otra dirección. Ése fue el caso de Cataluña con Prat de la Riba, el de Euskadi con Sabino Arana y, con menos fortuna, el intento de crear una nación gallega con Villar Ponte y sus "Irmandades" o una nación andaluza con Blas Infante y su recurso al pasado "andalusí" (léase árabe). A eso se unió la idea de que el pueblo puede optar por el autogobierno como una indiscutible forma de valor, como en el caso de los tradicionalistas católicos catalanes inspirados en Torras i Bages. Los revolucionarios y los progresistas españoles, incluidos los anarquistas, se separaron de los demás catalanes, vascos, gallegos o andaluces como consecuencia de esta opción política decisiva.

España, una nueva historia. (92)


La elección de lo más importante que ocurrió en España entre 1898 y 1923 es una decisión muy personal, que quizás algunos no compartirán del todo. Pero mi experiencia y los conocimientos que he adquirido de territorios cercanos a la historia (como la filosofía, la música, la crítica literaria, la antropología o la teosofía) me orientan ene sa dirección. En mi opinión, por tanto, el acontecimiento capital de esos años es la violenta oposición entre los tres principios que desde las Cortes de Cádiz habían configurado la historia de España: el progreso, la revolución cultural y la nación.

España, una nueva historia. (91)


La pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas supuso un revés psicológico en la sociedad española. Se ponía fin al espejismo de la Restauración, sobre todo los años dorados de la regencia de Maria Cristina, con sus evasiones art nouveau y las posibilidades de conseguir por fin el ansiado despegue de la economía.

España, una nueva historia. (90)


El crecimiento económico se hacía cada vez más visible y el gusto se sofisticó. Esto hizo que se concentrara en Barcelona, en el último tercio del siglo XIX, una ingeniosa actividad constructiva bajo el signo del Modern Styl, que allí se llamó modernismo. Tanto la burguesía industrial como los altos funcionarios y la nobleza lo deseaban: juzgaban que la recuperación del espíritu gótico permitía un principio de distinción sobre las clases obreras, ajenas a ese suntuoso arte que se podía ver en las fachadas de las casas, seguía en las escaleras de acceso a los "principales" y continuaba en los artesonados de los comedores y las alcobas.

España, una nueva historia. (89)


Prim quiso inventar, con AAmadeo de Saboya, una dinastía, recurriendo al apoyo de las cortes. Pero Prim, natural de Reus, no se creía las ficciones que él mismo sugería. La monarquía del Saboya se iba a convertir en ese momento en algo semejante a lo que fue el sueño liberal en la época de Fernando VII: fugaz pero útil punto de referencia.

España, una nueva historia. (88)



Las elecciones de enero de 1869, ¿fueron acaso una provocación bien orquestada para hacer un registro del quién es quién en España con vistas a futuras purgas? El caso es que se presentaron las más diversas candidaturas a las Cortes Constituyentes, desde carlistas a republicanos: todo el mundo apeló al espíritu cívico mostrando su disposición a probar fortuna en las urnas, aunque en privado nadie descartaba recurrir al pronunciamiento si el resultado no era favorable. Los grandes peligros de la patria y de la propiedad privada parecían conjurados.

martes 10 de noviembre de 2009

España, una nueva historia. (87)


A los ojos de los poetas románticos, los liberales se convirtieron en los profetas del progreso. Por una vez la Historia había tomado un curso que prometía dignidad para España. Este era el objetivo de muchas "sociedades secretas" del momento, como los carbonarios de Díaz Morales, los comuneros de Torrijos o los anilleros de Martínez de la Rosa. Esto no es sorprendente, ya que la lucha contra el absolutismo monárquico debía ser planificada desde arriba por los más capacitados para llevarla a cabo: un recurso muy conocido desde los tiempos de la Constitución de Cádiz.